Liturgia de las Horas

Completas — oración de la noche

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Examen de conciencia

Hermanos, al terminar el día, hagamos un momento de silencio y examinemos nuestra conciencia, reconociendo ante Dios nuestras faltas y agradeciendo sus dones.

Himno

Antes que la luz se apague
y llegue el descanso, oh Dios,
te pedimos, Creador nuestro,
que nos guardes con tu amor.

Aleja los malos sueños,
las sombras y la inquietud;
que, velando o descansando,
vivamos siempre en tu luz.

A ti, Padre, sea la gloria,
y al Hijo, nuestro Señor,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos. Amén.

Salmodia

Ant. No escondas de mí tu rostro, Señor; en ti confío.

Salmo 142 · En la angustia, busco al Señor

1Salmo de David cuando le perseguia su hijo Absalon. ¡Oh Señor!, escucha benigno mi oración; presta oídos a mi súplica, según la verdad de tus promesas; óyeme por tu misericordia.

2Mas no quieres entrar en juicio con tu siervo; porque ningún viviente puede aparecer justo en tu presencia.

3Ya ves cómo el enemigo ha perseguido mi alma; abatida tiene hasta el suelo la vida mía. Me ha confinado en lugares tenebrosos, como a los que murieron hace ya un siglo.

4Mi espíritu padece terribles angustias; está mi corazón en continua zozobra.

5Mas me acordé luego de los días antiguos; me puse a meditar todas tus obras; ponderaba los efectos maravillosos de tu poder.

6Levanté mis manos hacia ti como tierra falta de agua, así está por ti suspirando el alma mía.

7Oyeme luego, ¡oh Señor!, mi espíritu ha desfallecido. No retires de mí tu rostro; haz que no haya de contarme ya entre los muertos.

8Hazme sentir cuanto antes tu misericordia, pues en ti he puesto mi esperanza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia ti he levantado mi corazón.

9Líbrame, ¡oh Señor!, de mis enemigos; a ti me acojo.

10Enséñame a cumplir tu voluntad, pues tú eres mi Dios. Entonces tu espíritu es infinitamente bueno, me conducirá a la tierra de la rectitud y santidad.

11Por amor de tu Nombre, ¡oh Señor!, me darás la vida, según la justicia de tus promesas. A mi alma la sacarás de la tribulación,

12y por tu misericordia disiparás a mis enemigos; y perderás a todos los que afligen el alma mía, puesto que siervo tuyo soy.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No escondas de mí tu rostro, Señor; en ti confío.

Lectura breve 1 P 5,8-9

8Sed sobrios, y estad en continua vela; porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de para que devorar.

9Resistidle firmes en la fe, sabiendo que la misma tribulación padecen vuestros hermanos, cuantos hay en el mundo.

Responsorio

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

R. Tú, Señor, Dios fiel, nos has redimido.

Cántico evangélico (Nunc dimittis) Lc 2,29-32

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en su paz.

29Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa.

30Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado,

31al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos,

32sea luz que ilumine a los gentiles y la gloria de tu pueblo de Israel.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en su paz.

Oración

Señor, tú que iluminas la noche, aleja de nosotros todo mal y guárdanos bajo tu amparo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa. Amén.

Antífona final a la Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Salmos y cántico: Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público. Himno, antífonas y preces: composición propia.

Otras horas del día

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Textos cortesía de iBreviary (edición española, © Conferencia Episcopal Española).

Liturgia de las Horas — Parroquia Jesús María y José