Capítulo 138
1Para el fin: Salmo de David. ¡Oh Señor!, tú has hecho prueba de mí, y me tienes bien conocido.
2Tú sabes cuanto hago, ora esté quieto, ora andando.
3De lejos penetras mis pensamientos; averiguaste mis pasos y mis medidas.
4Tú previste todas las acciones de mi vida; todo lo sabes, aunque mi lengua no pronuncie palabra.
5Todo lo conoces, Señor, lo pasado y lo venidero; tú me formaste, y pusiste sobre mí tu mano bienhechora.
6Admirable se ha mostrado tu sabiduría en mi creación; se ha remontado tanto, que es superior a mi alcance.
7¿A dónde iré yo que me aleje de tu espíritu? Y ¿a dónde huiré que me aparte de tu presencia?
8Si subo al cielo, allí estás tú; si bajo al abismo, allí te encuentro.
9Si al rayar el alba me pusiere alas, y fuere a posar en el último extremo del mar,
10allá igualmente me conducirá tu mano, y me hallaré bajo el poder de tu diestra.
11Tal vez, dije yo, las tinieblas me podrán ocultar; mas la noche se convertirá en claridad para descubrirme en medio de mis placeres.
12Porque las tinieblas no son oscuras para ti, y la noche es clara como el día; oscuridad y claridad son para ti una misma cosa.
13Tú eres dueño de mis afectos; desde el vientre de mi madre me has tomado en cuenta.
14Te alabaré, Señor, a vista de tu estupenda grandeza; maravillosas son todas tus obras, de cuyo conocimiento está penetrada toda mi alma.
15No te son desconocidos mis huesos formados ocultamente, ni la sustancia mía formada en las entrañas de la tierra.
16Todavía era yo un embrión informe, y ya me distinguían tus ojos; todos los mortales están escritos en tu libro; irán y vendrán días; y ninguno dejará de ser escrito.
17Mas yo veo, Dios mío, que tú has honrado sobremanera a tus amigos; su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso.
18Me pongo a contarlos, y veo que son más que las arenas del mar; me levanto, y me hallo todavía contigo.
19¿No acabarás oh Dios, con los pecadores? ¡Oh hombres sanguinarios!, retiraos de mí.
20Vosotros que andáis diciendo en nuestro corazón: En vano se hará dueño Israel de tus ciudades.
21¿No es así, Señor, que yo he aborrecido a los que te aborrecían? Y ¿no me consumía por causa de tus enemigos?
22Los odiaba con odio extremado, y los miré como a enemigos míos.
23Pruébame, ¡oh Dios mío¡, y sondea mi corazón; examíname y reconoce mis pasos;
24mira si hay en mí algún proceder vicioso y condúceme por el camino de la eternidad.
Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.