Salmos

Capítulo 25

1Para el fin: Salmo de David. ¡Oh Señor!, sé tú mi juez, puesto que yo he procedido según mi inocencia; y esperando en el Señor no vacilaré.

2Pruébame, Señor, y sondéame; acrisola el fuego mis afectos y todo mi corazón.

3Porque tengo misericordia delante de mis ojos, y hallo en tu verdad todas mis complacencias.

4Nunca he ido a sentarme en las reuniones de gente vana, ni conversé jamás con los que obran la iniquidad.

5Aborrezco la sociedad de los malignos, y evitaré siempre la comunicación con los impíos.

6Lavaré mis manos en compañía de los inocentes; y rodearé, Señor, tu altar,

7para oír las voces, de alabanza y referir todas tus maravillas.

8Señor, yo he amado el decoro de tu casa, y el lugar donde reside tu gloria.

9No pierdas, Dios mío, con los impíos mi alma, ni la vida mía con los hombres sanguinarios;

10en cuyas manos no se ve más que iniquidad, y cuya diestra está toda llena de sobornos.

11Mas yo he procedido según mi inocencia. Sálvame, Señor, y apiádate de mí.

12Mis pies se han dirigido siempre por el camino de la rectitud. ¡Oh Señor!, yo cantaré tus alabanzas en las reuniones de tu pueblo.

Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.