Capítulo 77
1Inteligencia, ó instruccion de Asaph. Escucha, pueblo mío, mi ley y ten atentos tus oídos para percibir las palabras de mi boca.
2La abriré profiriendo parábolas; diré cosas recónditas desde el principio del mundo,
3las cuales las hemos oído y entendido, y nos las contaron ya nuestros padres.
4No las ocultaron éstos a sus hijos, ni a su posteridad; publicaron, sí, las glorias del Señor, y los prodigios y maravillas que había hecho.
5El estableció alianza con Jacob y dio la ley a Israel. Todo lo cual mandó a nuestros padres que lo hiciesen conocer a sus hijos,
6para que lo sepan las generaciones venideras. Los hijos que nacerán y crecerán, lo contarán a sus hijos.
7A fin de que pongan en Dios su esperanza, y no se olviden de las obras de Dios y guarden con esmero sus mandamientos;
8para que no sean, como sus padres, generación perversa y rebelde, generación que nunca tuvo recto su corazón, ni su espíritu fiel a Dios.
9Los hijos de Efraín, diestros en tender y disparar el arco, volvieron las espaldas el día del combate.
10Habían faltado al pacto con Dios, y no habían querido seguir su ley.
11Se olvidaron de sus beneficios, y de las maravillas que obró a la vista de ellos.
12Delante de sus padres hizo portentos en la tierra de Egipto, y en las llanuras de Tanis.
13Rompió el mar por medio, y los hizo pasar, y contuvo las olas como en un montón.
14Y los fue guiando de día por medio de una nube, y toda la noche con resplandor de fuego.
15En el desierto hendió una peña, les dio para beber como un caudaloso río,
16pues hizo brotar de una roca caudales de agua, que corrieron a manera de ríos.
17Ellos volvieron, sin embargo, a pecar contra él. En aquel árido desierto provocaron la ira al Altísimo;
18pues tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo manjares a medida de su gusto.
19Y hablaron mal de Dios, y dijeron: ¿Por ventura podrá Dios preparar una mesa en el desierto?
20Porque él dio un golpe en la peña y salieron aguas, y se formaron torrentes caudalosos, ¿podrá acaso dar también y poner una mesa a su pueblo?
21Lo oyó el Señor, y se irritó, se encendió el fuego de su cólera contra Jacob , y subió de punto su indignación contra Israel,
22porque no creyeron a Dios, ni esperaron de él la salud.
23Siendo así que dio orden a las nubes que tenían encima, y abrió las puertas del cielo,
24y les llovió el maná para comer, dándoles pan del cielo.
25Pan de ángeles comió el hombre. Les envió víveres en abundancia.
26Retiró del cielo el viento meridional o solano, y substituyó con su poder el ábrego.
27E hizo llover sobre ellos carnes en tanta abundancia como polvo, y aves volátiles como arenas del mar;
28aves que cayeron en medio de sus campamentos, alrededor de sus tiendas,
29con lo que comieron y quedaron ahítos, y satisfacieron su deseo,
30y quedó cumplido su antojo. Aún estaban con el bocado en la boca,
31cuando la ira de Dios descargó sobre ellos; y mató a los más robustos del pueblo, acabando con lo más florido de Israel.
32A pesar de todo esto pecaron nuevamente, y no dieron crédito a sus milagros.
33Y así sus días se desvanecieron como humo, y se acabaron muy presto los años de su vida.
34Cuando el Señor hacía en ellos mortandad, entonces recurrían a él, y volvían en sí, y acudían solícitos a buscarle.
35Y se acordaban que Dios es su amparo, y que el Dios Altísimo es su redentor.
36Pero le amaron de boca, y le mintieron con su lengua;
37pues su corazón no fue sincero para con él, ni fueron fieles a su alianza.
38El Señor es misericordioso, les perdonaba sus pecados, y no acababa del todo con ellos. Contuvo muchísimas veces su indignación, y no dio lugar a todo su enojo,
39haciéndose cargo que son carne, un soplo que sale y no vuelve.
40¡Oh cuántas veces lo irritaron en el desierto! ¡Cuántas lo provocaron a ira en aquel erial!
41Y volvían de nuevo a tentar a Dios, y a exasperar al Santo de Israel.
42No se acordaron de lo que hizo el día aquel en que los rescató de las manos del tirano,
43cuando ostentó sus prodigios en Egipto, y sus portentos en los campos de Tanis;
44cuando convirtió en sangre los ríos y demás aguas para que los egipcios no pudieran beber;
45envió contra éstos todo género de moscas que los consumiesen, y ranas que los corrompieran;
46entregó sus frutos al pulgón, y sus sudores a la langosta;
47les destruyó las viñas con granizo, y los árboles con heladas;
48y exterminó con la piedra sus ganados, y abrasó con rayos todas sus posesiones;
49descargó sobre ellos la cólera de su enojo, la indignación, la ira y la tribulación, que les envió por medio de mensajeros de desgra-cia;
50Abrió ancho camino a su ira, no perdonó sus vidas: hasta a sus animales envolvió en la misma mortandad;
51hirió de muerte a todos los primogénitos del país de Egipto, las primicias de todos sus trabajos en los pabellones de los descendientes de Cam.
52Entonces sacó a los de su pueblo como ovejas, y los guió como una grey por el desierto.
53Y los condujo llenos de confianza, quitándoles todo temor; mientras que a sus enemigos los sepultó en el mar.
54Y los introdujo después en el monte de su satisfacción, monte que adquirió con el poder de su diestra. Al entrar ellos arrojó de allí las naciones; y les repartió por suerte la tierra, distribuyéndosela con cuerdas de medir.
55Y colocó las tribus de Israel en las habitaciones de aquellas gentes.
56Mas ellos tentaron de nuevo y exasperaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus mandamientos.
57Antes bien le volvieron las espaldas, y se le rebelaron; semejantes a sus padres, falsearon como un arco torcido.
58Lo incitaron a ira en sus collados, y con el culto de los ídolos lo provocaron a celos.
59Lo oyó Dios, y lo despreció; y redujo a la última humillación a Israel.
60Y desechó el Tabernáculo de Silo, aquel su Tabernáculo donde tenía su morada entre los hombres.
61Y la fuerza de ellos la entregó a cautiverio; toda su gloria la puso en poder de los enemigos.
62Y no haciendo ya caso de un pueblo que era su heredad, le entregó al filo de la espada.
63El fuego devoró sus jóvenes; y sus vírgenes no fueron lloradas.
64Perecieron a cuchillo sus sacerdotes, y nadie lloraba las viudas de ellos.
65Entonces despertó el Señor, a la manera del que ha dormido; como un valiente guerrero animado con el vino.
66E hirió el Señor a sus enemigos en las partes posteriores; los cubrió de oprobio sempiterno.
67Y desechó el Tabernáculo de José, y no eligió morar ya en la tribu de Efraín.
68Sino que eligió la tribu de Judá, el monte Sión, al cual amó.
69Aquí, en esta tierra que había asegurado por todos los siglos, edificó su santuario único y fuerte como asta de unicornio.
70Y escogió a su siervo David, sacándole de entre los rebaños de ovejas cuando las apacentaba con sus crías,
71para que pastorease a los hijos de Jacob , su siervo, a Israel herencia suya;
72y los apacentó con la inocencia de su corazón, y los gobernó con la sabiduría o prudencia de sus acciones.
Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.