Capítulo 11
1Para el fin: para la octava: Salmo de David.
2Sálvame, Señor; porque ya no se halla un hombre de bien sobre la tierra; porque las verdades no se aprecian ya entre los hijos de los hombres.
3Cada uno de ellos no habla sino con mentira a su prójimo; habla con labios engañosos y con un corazón doble.
4Acabe el Señor con todo labio tramposo y con la lengua jactanciosa.
5Ellos han dicho: Nosotros con nuestra lengua, o artificiosas palabras, haremos cosas grandes; somos dueños de nuestros labios; ¿quién nos manda a nosotros?
6Pero el Señor mirando a la miseria de los desvalidos, y al gemido de los pobres, dice: Ahora me levantaré yo para defenderlos. Los pondré a salvo; yo les inspiraré confianza.
7Palabras puras y sinceras son las palabras del Señor; son plata ensayada al fuego, acendrada en el crisol, y siete o mil veces refinada.
8¡Oh Señor!, tú nos salvarás, y nos defenderás siempre de esta raza de gentes.
9Los impíos andan alrededor de nosotros: Tú, según tu grandeza o altísima sabiduría, has multiplicado los hijos de los hombres.
Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.