Salmos

Capítulo 4

1Para el fin: Salmo y cántico de David.

2Así que lo invoqué, me oyó Dios, que es mi justicia; tú, ¡oh Dios mío!, en mi angustia me ensanchaste el corazón. Apiádate aún de mí, y presta oídos a mi oración.

3¡Oh, hijos de los hombres!, ¿hasta cuándo seréis de estúpido corazón?; ¿por qué amáis la vanidad y vais en pos de la mentira?

4Sabed, pues, que es el Señor quien ha hecho admirable su Santo: el Señor me oirá siempre que clamare a él.

5Enojaos, y no queráis pecar más; compungíos en el retiro de vuestros lechos de las cosas que andáis meditando en vuestros corazones.

6Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Señor. Dicen muchos: ¿Quién nos hará ver los bienes que se nos prometen?

7Impresa está, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro: tú has infundido la alegría en mi corazón.

8Ellos están bien abastecidos y alegres con la abundancia de su trigo, vino y aceite.

9Mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas:

10Porque tú, ¡Oh Señor!, sólo tú has asegurado mi esperanza.

Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.