Salmos

Capítulo 2

1¿POR qué causa se han embravecido tanto las naciones, y los pueblos maquinan vanos proyectos?

2Se han coligado los reyes de la tierra; y se han confederado los príncipes contra el Señor, y contra su Cristo o Mesías.

3Rompamos, dijeron, sus ataduras, y sacudamos lejos de nosotros su yugo.

4Mas aquel que reside en los cielos se burlará de ellos; se mofará de ellos el Señor.

5Entonces les hablará él en su indignación y los llenará de terror con su saña.

6Mas yo he sido por él constituido rey sobre Sión, su santo monte, para predicar su ley.

7A mí me dijo el Señor: Tú eres mi hijo; yo te engendré hoy.

8Pídeme, y te daré las naciones en herencia tuya, y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra.

9Los regirás con cetro de hierro; y si te resisten, los desmenuzarás como un vaso de barro.

10Ahora pues, ¡oh reyes!, entendedlo: Sed instruidos vosotros los que juzgáis o gobernáis la tierra.

11Servid al Señor con temor, y regocijaos en él, poseídos siempre de un temblor santo.

12Abrazad la buena doctrina; no sea que al fin se irrite el Señor, y perezcáis descarriados de la senda de la justicia.

13Porque cuando de aquí a poco se inflamare su ira, bienaventurados todos aquellos que ponen en él su confianza.

Biblia Torres Amat (1823) · Dominio Público.