Elige los misterios
- 1
La oración de Jesús en el huerto
Lc 22,39-46
En Getsemaní, Jesús acepta la voluntad del Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya.» Pedimos fortaleza en la prueba y confianza en la hora difícil.
- 2
La flagelación del Señor
Jn 19,1
Jesús padece en silencio por amor a nosotros. Contemplamos su entrega y pedimos la gracia de la paciencia y del dominio de nosotros mismos.
- 3
La coronación de espinas
Mt 27,27-31
Al Rey del universo lo coronan por burla. Pedimos humildad ante las humillaciones y un corazón que reine sirviendo.
- 4
Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario
Lc 23,26-32
Cargado con la cruz, Jesús avanza por nosotros. Pedimos abrazar cada día nuestras cruces con amor y ayudar a llevar las de los demás.
- 5
La muerte de Jesús en la cruz
Jn 19,25-30
Desde la cruz, Jesús nos entrega a su Madre y da la vida por todos. «Todo está cumplido.» Pedimos vivir agradecidos por su amor que nos salva.
Cómo se reza
- Se comienza por la señal de la cruz. Tomando el crucifijo del rosario, se hace la señal de la cruz y se reza el Credo de los Apóstoles.
- En las primeras cuentas. Un Padrenuestro, tres avemarías (por la fe, la esperanza y la caridad) y un Gloria.
- Se enuncia cada misterio. Se anuncia el misterio del día y se hace una breve pausa para contemplarlo, ayudados por la cita del Evangelio.
- Cada decena. Un Padrenuestro, diez avemarías y un Gloria. Es costumbre añadir después la oración de Fátima.
- Así se completan los cinco misterios. Se repite el mismo esquema en las cinco decenas, contemplando cada uno de los cinco misterios.
- Al terminar. Se reza la Salve y, si se desea, las letanías lauretanas y una oración por las intenciones de la Iglesia.
Un poco de historia
El rosario es una oración muy querida por el pueblo cristiano, en la que se contempla el rostro de Cristo en compañía de su Madre. Su forma actual es fruto de una larga maduración a lo largo de los siglos.
En la Edad Media, muchos fieles que no sabían leer los 150 salmos comenzaron a repetir 150 avemarías, dando origen al llamado «salterio de la Virgen». Con el tiempo esas avemarías se agruparon en decenas y se unieron a la meditación de los misterios de la vida de Jesús y de María.
La tradición asocia la difusión del rosario a santo Domingo de Guzmán y a la Orden de Predicadores. Su rezo se extendió por toda la Iglesia y los papas lo recomendaron una y otra vez como escuela de contemplación y camino de paz.
En el año 2002, san Juan Pablo II publicó la carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» y propuso los cinco Misterios Luminosos, dedicados a la vida pública de Jesús, que se suman a los tradicionales gozosos, dolorosos y gloriosos. Así, el rosario recorre casi por completo el Evangelio.
Rezado en familia y en comunidad, el rosario sigue siendo hoy una de las oraciones más sencillas y profundas: con María, aprendemos a mirar a Jesús.